Querido lector, sé que el maldito virus nos está trastocando los planes habituales y nos obliga a adaptarnos de la noche al día a la mal llamada nueva normalidad.
¿Por qué digo “mal llamada”? Porqué observo que en muchos casos esa realidad es la misma que antes lo que ahora vestimos mascarilla, algunos mal puesta con la nariz al aire, nos echamos gel hidroalcohólico antes de entrar a los sitios y nos hemos descargado una aplicación del gobierno (Radar Covid) para saber si estás en una zona caliente del virus e informar anónimamente en caso de dar positivo.
Ahh, bueno, algunos también han dejado de darse besos y abrazos para mantener la distancia social, aunque muchos otros se codean o se creen inmunes al bicho y se relacionan como hasta ahora.
Vaya introducciones que haces, hijo. Perdonadme, pero hay que contextualizar las cosas que luego no se entienden.
La cultura no es contagiosa ni peligrosa (con medidas)
Pues eso, que a pesar de todo esto y los malos augurios de la OMS, los rebrotes, confinamientos y la polémica vuelta al cole, hay que intentar seguir haciendo nuestra vida, y eso incluye, si te gusta algún grupo/grupos, ir de concierto.
Eso es lo que hicimos el pasado 16 de agosto para ir a ver a uno de nuestros grupos favoritos, la Billy Boom Band, dentro del Festival Viva La Vida Torrelavega que se celebró en Cantabria durante los meses de julio y agosto.
Si seguís leyendo os explicaré como fue el concierto, las medidas y protocolos que tomaron y nuestras sensaciones como espectadores y disfrutones. Si no seguís, agradeceros que hayáis llegado hasta aquí y espero veros otro día o leyendo alguno de mis otros fantásticos posts.
¡Cuenta ya cómo fue el concierto, pesao!
Ya voy, ya voy, hay que ver que ansiosos son algunos lectores, jajaja.
Vayamos por partes. El concierto era al aire libre en los exteriores del recinto Ferial “La Lechera” de Torrelavega y al comprar la entrada podías elegir entre tres ubicaciones, con precios distintos, y una de ellas con mesas para consumir.
Nosotros elegimos la opción intermedia que estaba “cerca” del escenario y con sillas separadas por unos dos metros, una al lado de la otra.
El concierto empezaba a las 8 y las puertas se abrieron una hora y media antes para pasar el control de temperatura, higienizar tus manos con gel y buscar tu asiento.
Para ser previsores y aparcar con tranquilidad, llegamos a la zona del recinto un rato antes y nos tomamos algo hasta que a las 7 fuimos para allá. No sabíamos la gente que habría y si habría “colas” para acceder de forma segura.

No sé la gente que ha ido al resto de conciertos del Festival, pero el de la Billy Boom Band, el único que daban en Cantabria este verano, estaba lleno por la mitad. Daba hasta cosilla girarse para atrás y ver tantas sillas vacías.
¿Y una vez dentro qué…?
Una vez superados los trámites protocolarios antiCovid de temperatura y gel, entramos al recinto y localizamos nuestras sillas justo en el medio. Visión inmejorable.
Justo al entrar ya nos avisaron que los adultos deberíamos permanecer sentados con la mascarilla todo el rato y no podíamos levantarnos a bailar, sólo en nuestra silla. Ese privilegio, de bailar de pie enfrente de su silla sin dar vueltas, se lo reservaban a los peques, los verdaderos protagonistas del concierto.
La sensación era un poco rara, por distinta, pero ya sabíamos a lo que veníamos y ver la banda en directo bien valía cumplir los protocolos.
Debo decir que la organización estaba permanentemente atenta a qué nadie fuera de listo y se bajara la mascarilla más allá de consumir, y más de uno, de dos y tres fueron advertidos por ello.

A pesar de estas “incomodidades” y el ambiente un poco desangelado, la Billy Boom Band lo dio todo en el escenario y creemos que algunas sillas necesitaron ser reparadas después de los saltos y brincos que pegaron nuestras posaderas al ritmo de sus movidas canciones.
¿Y ahora qué?
Por nuestra parte seguiremos apoyando la cultura en tiempos de Covid-19 y yendo a todos los conciertos que podamos, sabiendo de primera mano que se cumplen los protocolos sanitarios y que los artistas nos necesitan como nosotros a ellos.
La cultura es segura y no podemos permitirnos que se diluya aún más.
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